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sábado, 28 de enero de 2012

El origen de los chacas


Seguramente en algún momento del día  has visto a alguno de estos singulares personajes, ya sea pidiendo dinero en los camiones o microbuses mientras reparten estampitas religiosas y alegan provenir de alguna institución de ayuda a alcohólicos y drogadictos o descaradamente diciéndose expresidiarios, asaltando (su principal actividad), inhalando monas empapadas con solventes y escuchando reggaetón en alguna esquina, vendiendo mercancía pirata o de procedencia ilegal, quizas vendiendo chicles o discos piratas en el metro, limpiando parabrisas o escupiendo fuego en algún cruce vehicular, vendiendo tacos de muerte lenta "canasta" en las afueras de tu lugar de trabajo o escuela, etc. Y te has preguntado de donde salió toda esa mierda moda que contamina visualmente nuestra ciudad.

¿Recuerdas a los "emos"? Sí, esos niños que se pasaban el día quejándose de todo, vistiendo siempre ropa negra una talla más chica y con estrellitas, cuadritos y caritas tristes -como las que pusieron los fans de Nirvana al enterarse del suicidio de Kurt Cobain- pintándose los labios y maquillándose como niñas -lo único bueno de esa mierda moda son sus mujeres-, escuchando música de tipos que cantan como niñas y luego gritan como putas, cortándose los brazos con galletas de animalitos, escribiendo 'azzshyy kh0mhooOo Idhyy0oThaazzz <3' y siempre viendo hacia el suelo con el único ojo que no se tapaban con su cabello. También fueron víctimas de violencia física a manos de grupos de inadaptados sociales como los intolerantes punks, góticos y metaleros, porque sentían envidia por su hermosura coraje de que mezclaran los estilos y los convirtieran en una moda de calaveritas y lágrimas. Así que impulsaron una campaña de odio con frases como: "si los ves, pégales" y "haz patria y mata un emo". Pero ésta campaña de odio no dio los resultados que ellos esperaban y los mexicanos nos enfrentamos a un problema muchísimo mayor.

Los emos (los que quedaron) se cansaron de ser golpeados, insultados y humillados, así que decidieron revelarse y cambiar radicalmente su apariencia y manera estúpida de pensar y actuar. Cambiaron su cabello largo por un corte ridículo de tapa de pambazo a la "Romantic Style", cambiaron sus pulseras de cuadritos y estrellitas por imágenes de santitos, se quitaron su ropa negra y vistieron ropa pirata con colores chillantes y brillitos de travesti de cabaret. Las mujeres cambiaron las horas frente al espejo por un simple copete relamido y 'maquillaje de pandita'. Superaron su "necesidad" de cortarse la piel con ayuda de  estopas mojadas con thinner y la mediocridad y delincuencia sepultaron su actitud deprimente y suicida.

Aún sentían un vacío emocional, que llenaron con el "perreo" y la devoción a San Judas Tadeo, su figura de yeso santo patrón. Con su cambio radical lograron engañar a sus depredadores, después expandieron su nueva identidad por los lugares marginados de la ciudad de México y su área metropolitana, como Ecatepec, Neza, Iztapalapa y el barrio bravo de Tepito (de donde aprendieron las malas mañas y fueron capacitados en el finisimo arte del robo a mano armada y manejo de motonetas). Cambiaron todo, excepto su manera estúpida de escribir y su manía de tomarse fotos haciendo poses estúpidas.

La próxima vez que tengas un encuentro desagradable con un "chaca", recuerda que en el fondo de su repulsiva humanidad sigue siendo un niño que tiene que usar un corte de cabello ridículo y ropa con brillitos para llamar la atención.

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